En las cercanías de Sa Riera, una de las más hermosas calas de Begur, en La Costa Brava, sobre una parcela de fuerte inclinación, se eleva esta vivienda unifamiliar de inusual arquitectura.
Debido a la combinación de una orientación y orografía poco favorables a una respuesta arquitectónica al uso, el volumen final tiene la curiosa forma (en boca del cliente) de un revólver semienterrado en el terreno, cuyo origen está en la obcecación de cliente y arquitecto por obtener las mejores vistas posibles sobre el mar.
Desde el inicio quedó claro que la vivienda debería parecer un elemento pétreo incrustado en el terreno. De ahí que se seleccionasen materiales naturales de gran calidad, pensados para durar y envejecer con la dignidad propia de su condición. Se adoptó además una decisión radical respecto al material dominante de acabado: el hormigón con acabado superficial de tablas de pino impresas sobre el mismo.
El enorme ventanal, por su longitud y altura, dignifica el modo en el que la vivienda se abre al exterior cual mezzanine sobre el entorno natural, y desde el interior, al moverse por los espacios, genera un movimiento del paisaje como el que se percibe desde la ventana de un vagón de tren, dada la apertura del campo de visión.
Piedra, acero, hormigón, madera. Materiales nobles para vestir una roca habitable sobre el mar y bajo el firmamento, pesada, rotunda, ligera y delicada al mismo tiempo, susceptible de envejecer dignamente con la pátina que sólo la nobleza de los materiales empleados puede ofrecer. Una arquitectura inusual pero no caprichosa, dotada de la lógica que procede del entendimiento del lugar en combinación, cómo no, con los requerimientos del cliente.
Arquitectura de hormigón. La idea era crear un edificio con escaso mantenimiento, dada la localización de la vivienda, cerca del mar, algo que obliga a pintar las fachadas revocadas cada dos años, en el mejor de los casos. Además, se planteó la idea de generar un edificio que saliese de entre la vegetación como una gran roca que habría de envejecer y embellecerse con el paso del tiempo y su pátina indeleble sobre el hormigón, un material noble de invención mediterránea, ya empleado por el imperio romano.
Hormigón visto, madera, acero y vidrio. Materiales nobles al servicio de una arquitectura moderna. El jardín ya insinúa la integración del edificio con la vegetación. Ha sido realizado por Jardins Arnau (Begur) y está basado en la vegetación autóctona del lugar, por criterios estéticos y de eficiencia.
Trabajo de decoración lumínica nocturna. El efecto es el de un gran escenario donde se ve transcurrir la vida.
La planta inferior alberga dos dormitorios así como una pequeña kitchenette, aseos y ducha que sirven tanto a los espacios de sueño como a la zona de piscina y terraza.
Un porche de madera y hormigón genera una zona de sombra y chill-out, un estar ideal en época veraniega.
Un gran ventanal de un solo vidrio fijo de casi 5.50 mtrs. recibe al visitante. Genera una transparencia sobre el estar de la vivienda que se ofrece amable a quien entra, a pesar de la dureza de líneas de esta gran "roca" en el terreno. La puerta de pino Melis aporta una sofisticada calidez al conjunto.
Isla y mueble auxiliar de cocina empotrado en muro, diseño de Santos. Esta configuración favorece la fluidez del espacio interior. La combinación de colores y materiales crea a nuestro entender una atmósfera fresca al tiempo que acogedora. toda la iluminación fija interior corre a cargo de la reputada marca Kreon.
El cuidado del detalle sale a relucir en elementos como la grifería empleada en toda la vivienda, suministrada por la conocida marca Dornbracht.
Las bases de enchufe empotradas en el sobre de la cocina (disco metálico junto a la encimera, a la izquierda de la imagen) contribuyen a la comodidad del espacio de trabajo, al quedar ocultas y enrasadas con el plano del sobre de la cocina.
La vivienda tiene un solado de piedra de San Vicenç. El acabado, flameado, confiere a la superficie un tono mate elegante y fresco. La gran caja de pino Melis, elemento clave del espacio, pone la nota de calidez, junto con los sofás Polder y la silla Butterfly en cuero rojizo.
Howa tiene una cristalera de 21 metros de longitud sobre el mar y la playa de Sa Riera en Begur. La vida transcurre en esta casa con el escenario de la naturaleza como fondo, al mismo tiempo que la casa es un escenario en sí misma. En la oscuridad de la noche Howa se ilumina espectacularmente, apareciendo como una gran roca hueca en su interior, dejando ver al espectador los espacios que lo componen.
El espacio de 50 cm. de vacío entre la cristalera y la caja de madera favorece la percepción de fluidez entre espacios de la vivienda, al mismo tiempo que genera una espectacular sensación de longitud de la misma.
En la imagen se puede apreciar la belleza de la madera de pino Melis, una variedad de conífera antiguamente empleada para construir vigas de grandes luces que habrían de soportar las cubiertas de las naves industriales de la época.
De hecho, la madera empleada en Howa procede de la recuperación de las vigas del derribo de una antigua fábrica de la zona.
Tiempo después de la finalización de los trabajos, aún es perceptible el embriagador aroma de las resinas de pino, algo que deja una huella indeleble y duradera en el recuerdo olfativo del visitante de la casa, a la que vincula con este olor inconfundible.
La imagen refleja una vez más la claridad de circulación entre las distintas estancias.
El gran muro de doble altura realizado en piedra de Segovia marca la bajada a las planta inferior, al mismo tiempo que separa el estar de la zona comedor-cocina.
Los atardeceres en Sa Riera son especialmente hermosos desde Howa. La enorme superficie acristalada genera un inesperado (también para el arquitecto) efecto espejo que replica la imagen del valle que da forma a la bahía.
La espectacular imagen refleja a la perfección la idea de Howa como un enorme mirador sobre la Costa Brava. La iluminación resalta asimismo la percepción de la planta superior como un único espacio en el que los muebles ejercen su función como elemento separador.
El comedor cuenta con un gran ventanal fijo con vistas al pequeño jardín presidido por una encina centenaria que pudo respetarse durante la construcción de la vivienda. Las persianas de lamas permiten la privacidad respecto de la finca colindante.
Por expreso deseo de la propiedad, las zonas húmedas tenían que resultar luminosas, de composición y mantenimiento sencillos. Todo el mobiliario está hecho a medida, desde los armarios hasta los lavabos de Silestone blanco. Las piezas de cerámica rectificada de 30x10 cm, el espejo empotrado en el plano de la misma y la cuidada iluminación de la mano de la marca Kreon consiguen cumplir el deseo del propietario.
La suite principal es un rincón privilegiado en la casa, su ubicación en un extremo de la misma, la gran cama con un cabecero-armario que la separa del baño de la suite, la bañera exenta, el pequeño patio de limoneros que es terraza privada de la pareja propietaria, todo el conjunto colabora para crear una atmósfera aparte del resto de la vivienda. Un lugar placentero en el que dormir, más aún cuando se disfruta despierto.